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POEMA A LA LOCOMOTORA DE VAPOR
Remetente: Alejandro  Simonetti  <alesimonetti@ar.inter.net>
Data  de  Envio: 2003-09-07  10:51:30.000
"POEMA A LA LOCOMOTORA DE VAPOR"
Por Ricardo Cal(*)
 
Sos, china, el ferrocarril
 donde yo paro la olla,
sos la mecha que se arrolla
en el pico del candil.
 
Sos la sonrisa burlona
que se asoma en el nivel,
y sos la llanta en el riel,
que hace mil garabatos
y aquella yunta de gatos
que se despereza en él.
 
Sos vaivén de las crucetas
y los pesados sectores
y tambien los purgadores
para espiantar los sotretas.
 
Cuando estás muy enojada
sos como plasta en el horno,
como llama de retorno
y como rueda planchada;
como un completo carguero
con las prensas reventadas
bajo los soles de enero.
 
Sos la escobita rabona,
indiferente y apática
y sos la fuerza hidrostática
con que el patente funciona.

Sos la única soberana
con tu escape armonioso,
con tu silbato fogoso
que despierta al vecindario.
 
El humo es penetrante
y el reflejo del hogar
que te hace pestañar
cuando pasas el gancho.
 
Hay que palear sin cargarte
demasiado, livianito
adelante, pero atrás
bien cargado y parejito. 
 
Siempre atento a pormenores
hasta llegar a la meta,
con prisa y con atención
a la próxima parada.
 
Llegamos a la estación,
ya la señal está baja,
y la verde en el andén,
contraseña del furgón,
firme el agua y la presión.
 
Continuar el recorrido,
la vía libre en el arco,
las tomas con atención
porque es la autorización
hasta la otra parada.

Y parece que entendiera,
y se afirma su caldera,
buen nivel de agua y vapor,
y continuar en horario
hasta la otra estación.
Cuando tomás el servicio,
el llamador con la boleta,
le firmas la papeleta
por si hay alguna observación.
 
Cuando llegás al galpón
con todo su equipaje,
la valija con la ropa,
el mameluco limpito,
los elementos del mate
para despuntar la mañana,
las sabrosas milanesas
y la botella baquiana.
 
Desde el punto de partida
dependes de tu amiga fiel,
la morocha del riel,
bien preparada y ligera,
para cumplir la jornada.
 
Y la carga bien pesada
y de vagones completa,
con la ilusión de llegar
sin sobresaltos y a horario
hasta el final de la meta.
 
Preparando a la morocha
para el descanso final,
las aceiteras cerradas,
el patente, el pajarito,
y las mechas recogidas,
las herramientas juntadas.
Cuando llegás a la pieza,
luego de la ardua jornada
cumpliendo con tu deber,
por eso que, sin pretexto
y con mucha devoción,
a la china con cariño
que la trato como un niño,
por lo fiel y compañera
y por todo su escozor,
le dedico con calor
a la catanga a vapor
este poema sincero.
Por último en la cocina,
donde se dicen macanas
de gran calibre, vos sos
la vía libre y mejor
de esta vida peregrina.
Ya sos historia, catanga.
Con tu recuerdo en el mármol,
tu silueta se divisa
ante todo con honor.
Vos, la catanga a vapor,
en el parque de mi pueblo,
silenciosa y bien parada
con tu estampa reluciente,
y te admiran los gurises
y se detiene la gente.
 
Así será tu recuerdo,
porque te lo merecés,
como elemento de unión.
Nació junto a la estación
un nuevo pueblo de campo,
porque esa fue tu misión
y así lo entendimos todos.

En tu largo recorrido,
cruzando pampa y desierto,
juntastes en campo abierto
dando vida y alegría.
 
Los pueblos son los testigos,
que hoy rinden a tu memoria
allá en la plaza de gloria,
cuando llegastes un día
para crear un poblado
donde eran tolderías.
 
(*) Se puede reproducir con autorización del autor. Esta tomada de su libro,
 "Ferrocarriles en el Mundo", publicado en Marcos Paz, Provincia de Buenos
Aires, Argentina en 1999.
Ricardo Cal es miembro de una familia de conductores e instructores de
máquinas a Vapor de  la localidad de Villars. En el Centro Cultural que se
ha constituido en el edificio de la estación ferroviaria Villars, en el año
2002 se inauguró una biblioteca pública que lleva su nombre, con una fiesta
popular en reconocimiento a su trayectoria en pro de su comunidad.

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