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Debate Psicodrama

     
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Aniversario de un manifiesto sobre Psicodrama [grupal:10395]
Remetente: =?Windows-1252?B?TWlydGEgTvrxZXo=?=  <mir@sinectis.com.ar>
Data  de  Envio: 2000-09-15  19:45:57.000
Envío artículo publicado en Página 12 de hoy, 14-9-00
 
ANIVERSARIO DE UN MANIFIESTO SOBRE PSICODRAMA
“Expresamos una identidad cultural”
 
Por Fidel Moccio, Carlos Martínez Bouquet y Eduardo Pavlovsky
 
En 1970 los autores de esta nota –junto con otros compañeros que habían recibido formación psicodramática– fundamos el Centro Experimental Psicodramático Latinoamericano. Dicho grupo intentaba diferenciar nuestra silueta cultural de otras aplicaciones del psicodrama y la psicoterapia que, pensábamos, contribuían a la adaptación del individuo al pensamiento hegemónico dominante.
Habíamos participado en Buenos Aires de experiencias coordinadas por terapeutas norteamericanos invitados y nos parecía que la utilización de los procedimientos y métodos grupales por ellos aplicados facilitaban la “liberación sexual” como instrumento de “curación”. Sesiones de 10 horas y de 16 horas como integrantes de estos laboratorios nos señalaban que la “promiscuidad sexual” parecía ser el objeto final de dichos eventos. Percibíamos también que los coordinadores intentaban “controlar” todo tipo de manifestación agresiva entre los miembros del grupo –de una manera clara y definida– durante los laboratorios.
Así, redactamos el Manifiesto del Grupo Experimental Psicodramático Latinoamericano, como primer intento de diferenciarnos de esos procedimientos terapéuticos. Nuestra intención era que funcionara como intervención institucional en el Congreso Internacional de Psicodrama y Sociodrama realizado en Amsterdam en agosto de 1971. Transcribimos algunos de sus párrafos:
“Proponemos el uso de las técnicas dramáticas grupales con los objetivos de: 1) poner en evidencia los sistemas represivos y las conductas que éstos fomentan; 2) detectar y enfrentar situaciones de injusticia social y otras conductas en los grupos relacionadas con todo tipo de diferencias sociales; 3) investigar las conductas autoritarias dentro y fuera de las instituciones; 4) revisar y analizar los roles sociales y detectar los ‘emisores de normas’, que en defensa de sus propios intereses imponen roles no relacionados con el interés de la comunidad.”
“Creemos que bajo toda situación terapéutica habitualmente subyace una situación autoritaria a pesquisar: el psicoterapeuta posee siempre la verdad y el paciente es aquel que debe ser reformado.” “El terapeuta representa en el grupo muchas veces el rol de la clase dominante y es transmisor de normas que la clase dominante impone a la subordinada.”
“¿Qué hacer con nuestro poder terapéutico?”: así finalizaba el Manifiesto, que se leyó en Amsterdam en una sección que se denominó “Psicodrama: conversación o cambio” y reunió a muchos asistentes franceses, alemanes, ingleses y holandeses. Un grupo de jóvenes psicólogos holandeses apoyaron fuertemente nuestros cuestionamientos oponiéndose a las técnicas de laboratorio, sobre todo norteamericanas provenientes de California. El Manifiesto intentaba expresar nuestra identidad cultural; ése fue su motivo y su sentido.
 
 
 
 
 

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